
El sacrificio es la comunicación con un más allá. Uno sacrifica, necesariamente, algo que quiere. De otra forma, no habría comunicación posible, no habría pacto, no habría valor. El sacrificio incendiario de Hendrix encarna una búsqueda cósmica y gitana, bruja.
Sus ropajes son parte de esa mística.
Los Who rompían los instrumentos, pero no había brujería. Era quizás una rebelión juvenil, una cuestión de actitud, de abandonar el deber respeto y las estructuras tradicionalistas inglesas: un desafio al anquilosamiento de la juventud. Era otro tipo de comunicación.
La electrificación del country por parte de Dylan también representa algún tipo de genealogía. Pero es menor. Es otra cosa. No es un sacrificio, es en todo caso una provocación. Es un enfrentamiento a la tradición hacendada y reaccionaria.
Hendrix lleva al extremo esos movimientos, y conforma una festividad, un sacrificio que es el fuego de su guitarra, pero es más. Es el hecho musical. Hay algo en ese intercambio que tiene que ver con la percepción sin límites, con la ingesta de ácidos y hongos como búsqueda experiencial. Sus recitales podían constituirse como grandes improvisaciones, poderosas o digresivas. Cuando le preguntaban por qué conformaba sus presentaciones de tal manera, era bien claro. La música debía surgir de lo inmediato, y era eso lo que estaba dispuesto a tocar. En esa festividad, se sacrifica el instrumento de la comunicación musical, y se conforma como el instrumento del trance místico.
domingo, septiembre 24, 2006
Mística y sacrificio
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19:23
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