Las ansias de cruzar la calle son inversamente proporcionales a la capacidad motriz de la persona implicada. De donde se desprende que abuelas y abuelos se avalancen repentinamente por el medio de la calle, ante las fauces del tránsito, sin ningún tipo de reparo.
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1 se soltaron:
Eso es verdad! Por eso cuando somos chiquitos nos dicen: ¡no cruces corriendo la calle! El miedo alienta la carrera desenfrenada de los ancianitos. En cambio, la calma siempre es síntoma de conocimiento. Habrá que ir mas despacio con el auto...
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